Los tenis transformados en un ícono urbano

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Toda prenda de vestir tiene una historia estética y otra política. Una que habla de cómo se ve y otra que dice por qué se ve así. Y los sneakers no son la excepción. 

El primer paso de esta historia ocurrió en 1892, cuando un grupo de nueve empresas fabricantes de goma se unieron para crear la Goodyear Metallic Rubber Shoe Company, que perfeccionó el proceso de vulcanización descubierto cincuenta años atrás.

La goma vulcanizada ofreció una posibilidad inédita hasta entonces: crear suelas de goma maleables, resistentes e impermeables a bajo precio. 

El primer intento por crear un calzado de lona vulcanizado fue una pieza de diseño inacabada, sin distinción entre el zapato izquierdo o derecho y de manufactura variable, pero se convirtió en la base definitiva que daría forma a los tenis.  

Al ritmo de la industrialización de las grandes ciudades, que comenzaron a cambiar los carruajes por automóviles y a privilegiar el crecimiento vertical sobre el horizontal, la producción en masa de los tenis llegó en 1916: Keds Champion fue la primera etiqueta que se lanzó al mercado masivamente; sin embargo, el modelo que marcó el pulso de los tenis llegó un año después.

En 1917, los Converse All-Star se convirtieron en el primer par destinado especialmente al baloncesto. Su silueta característica, una mezcla entre lona y goma, creó un ícono atemporal que se expandió rápidamente, una vez que los jugadores profesionales comenzaron a utilizarlo en el juego.

Los tenis se hicieron la norma para hacer deporte durante la primera mitad del siglo, pero la verdadera revolución ocurrió fuera de la duela al final de la Segunda Guerra Mundial. Su incursión en la cultura popular fue lenta, pero caminó en el mismo sentido que la actitud contestataria y rebelde de la posguerra, la liberación sexual o el rock.

El siguiente paso decisivo de los tenis llegó en los 70, cuando la moda urbana les adoptó definitivamente como parte de la indumentaria citadina por excelencia. 

Mientras los Vans Checkerboard se convirtieron en los slip-on más famosos de la historia y todo un símbolo skater para recibir a la década de los 80, los Air Force One de Nike, lanzados en 1982, trascendieron el deporte para protagonizar la explosión del hip-hop en el Bronx. 

Para entonces, los Puma Suede ya habían protagonizado momentos memorables con Tommie Smith subiendo al podio con el puño del black power en todo lo alto durante los Juegos Olímpicos de 1968; los Adidas SuperStar habían desbancado a los Converse del ámbito basquetbolista y, de la mano de Run-DMC, marcaban el camino a seguir en los suburbios neoyorquinos.

En 1984, los Air Jordan hicieron de los tenis un objeto de culto y deseo, definiendo la fórmula de marketing con súper estrellas de distintos deportes utilizada hasta la actualidad. El éxito fue tal, que las firmas de lujo intentaron incursionar en la creación de tenis: el mismo año, Gucci decidió fabricar su primer par de sneakers, los Gucci Tennis.

Desde entonces, de la tecnología de las Air Max a la parafernalia de los Yeezy, los tenis no han parado de evolucionar y con ellos, la forma y significados de vestirlos. Como ningún otro objeto, son un símbolo contemporáneo de diseño, moda y cultura urbana. 

Un elemento esencial en la indumentaria de la ciudad que fue adoptado por distintos sectores sociales. Un ícono de identidad y estatus que en México merece ser repensado a partir de las condiciones locales más allá del coleccionismo sneakerhead y la influencia norteamericana.

Los tenis se han convertido, fundamentalmente, en el calzado perfecto para habitar espacios urbanos. No sólo por su comodidad y resistencia, sino por su capacidad de contar un sinfín de historias sobre nuestra sociedad. En sus siluetas, colores y materiales se narra la vida de una misma ciudad desde diferentes ópticas; no es lo mismo un par que pisa el transporte público que aquél que pisa un acelerador. Y, a la vez, puede ejecutar ambas acciones si se lo propone. 

Los tenis son hoy un claro protagonista de las ciudades y los largos caminos, justamente por eso. Porque tanto su material como su finalidad son siempre alterables con base en la resolución de quien les usa. Porque, además, son eso que ayuda al andar; que está en contacto con el suelo. Son la herramienta intermediaria entre el paso y la travesía. Entre haber pensado algo y hacerlo.Y así, en un ligero carácter democrático, con sus justas diferencias, son respuesta a eso que se comparte por todos en una ciudad: dinamismo y descubrimiento imparables.

Ciudad Indumentaria Urbana

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