Arquitectura hostil: diseño que segrega la ciudad

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Está en todas las ciudades y, sin embargo, es probable que aún no hayas notado su existencia. Está en una banca irregular que se hace incómoda tras unos cuantos minutos, en una estructura con picos donde bien podría existir un asiento fugaz, o un reposabrazos sin mucho sentido que divide el asiento para esperar el autobús.

El diseño no sólo funciona para romper prejuicios y mostrar rasgos de la identidad cultural de una región. En el urbanismo y la planificación de ciudades, no sólo se toman en cuenta factores como la movilidad, sustentabilidad y la forma de hacer comunidad para mejorar la calidad de vida de las personas.

También existen diseños pensados para dividir, clasificar y hacer del espacio público un entorno incómodo permanente, con la intención de cambiar la forma en que actuamos y, entonces, condicionar cómo vivimos la ciudad.

La arquitectura hostil es el mejor ejemplo de ello. Piensa detenidamente: ¿cuántas veces has visto varillas que sobresalen de lo que podría ser una banca de concreto? ¿Tienen alguna función? ¿Se trata de un error o… están ahí con algún fin?

La arquitectura hostil se hace presente a través de modificaciones en el mobiliario urbano con púas, picos, divisiones, segmentos y diseños enfocados en incomodar y hacer que la gente pase el menor tiempo posible detenida en el espacio público.

Otro ejemplo característico son los asientos con ángulos descendentes, donde los usuarios se mantienen resbalando eternamente. Para evitarlo, es necesario crear un contrapeso con los pies, una postura mucho más cansada que estar de pie.

La arquitectura hostil también limita la interacción entre personas, dificultando los momentos de encuentro y contemplación. El mobiliario defensivo restringe los usos y controla las formas en que aparecemos en el espacio público; cuando evita que nos sentemos por un momento, que nos detengamos a platicar con quien nos acompaña o simplemente a ver a la gente pasar, quiebra un poco de la dinámica que da forma a una urbe.

También es una forma de ocultar los problemas de desigualdad que enfrentan todas las ciudades del mundo. Este mobiliario está pensado para evitar que las personas sin techo encuentren sitios para pasar la noche o descansar.

En suma, la arquitectura hostil es una forma de alejarnos un poco más los unos de los otros y fracturar la comunidad que no beneficia a nadie.

Así que la próxima vez que encuentres alguno de estos rasgos en la ciudad, sabrás que no se trata de mobiliario con errores en el diseño, sino de una estrategia premeditada. Una que se puede superar caminando y rodando tu barrio; acercándote a los comercios locales y bajando la frenética velocidad del estilo de vida actual, para reflexionar sobre una ciudad más justa y accesible para todos quienes formamos parte de ella.

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